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Orígenes de kalichutrip

Kalichutrip en el periodo védico e inicios del hinduismo

La primera referencia contrastada sobre la versión embrionaria de kalichutrip se encuentra sanscrita en algunos de los tomos de los Upanishads hindúes, que datan del siglo VII a.C. Sin embargo, algunos expertos han podido reconocer referencias de esta filosofía en uno de los himnos cantados comprendidos en el Rig-Veda – colección de himnos sagrados sanscritos procedentes de la cultura Védica, anterior a la hindú.

En esta referencia en cuestión, el himno entona una estrofa con el término “Kali–cha–drep” en un escenario, supuestamente idílico, ambientado en lo que los occidentales entendemos como tiempos prediluvianos.

En este sentido, las interpretaciones subjetivas de las estrofas del himno impiden establecer una teoría firme. Sin embargo, existe cierto consenso en la creencia de que Kali pudo ser el término referente a un tipo de “energía positiva” o sanadora en una lengua de una civilización perdida que tuvo que haber habitado en la actual península indostánica.

A modo de anécdota, Kali es también conocida como una diosa hindú representada con múltiples brazos danzando sobre su marido, el dios Shiva. Entre sus múltiples consideraciones dentro de las sectas hindúes, representa la “Madre universal”, la “fuente del ser” o la “destructora de la maldad”, entre otros.

Orígenes Kalichutrip

Expansión hacia China

La corriente de pensamiento de Kalichutrip viajó al otro lado de la cordillera del Himalaya, pasando por el actual Nepal y Bután gracias a los gurús hindúes. Durante los siglos III y IV d.C. se estableció fuertemente en algunas zonas de las actuales provincias chinas de Yunnan y Sichuan, siendo una filosofía de vida muy practicada durante las dinastías Ch’i, Liang y Ch’en.

Durante la dinastía Tang, entre los años 618 y 906 del calendario occidental, la corriente del kalichutrip fue prohibida y perseguida. En consecuencia, su práctica clandestina se mantuvo escondida en zonas montañosas, principalmente por monjes ermitaños. Su práctica no volvería a ser tolerada hasta la dinastía Manchú, entre los años 1644 y 1911 hasta nuestros días.

De oriente a occidente

Las primeras referencias de kalichutrip no llegan al viejo continente hasta el regreso de la expedición del veneciano Marco Polo, en el siglo XIII. Durante la expansión de la Ruta de la Seda los objetos importados de referencia fueron, principalmente, vasijas y jarrones ornamentales chinos con representaciones del templo y el mundo interior y, por otro lado, literatura escrita en chino mandarín y chino cantonés sobre los principios de esta filosofía y el concepto del estado óptimo de conciencia.  Esta se tradujo en años posteriores, inicialmente al véneto y al latín, y posteriormente al francés y al alemán.

Es precisamente en el romanticismo alemán de principios del siglo XIX donde la idea kalichutrip aparece en la narrativa fantástica, siempre vista con cierto exoticismo y desde un prisma de exageración de los estereotipos chinescos y orientales en general. Podemos decir que gracias a la literatura alemana el conocimiento de kalichutrip se afianza en las clases más ilustradas del continente europeo, aunque siempre desde un punto de vista un tanto superficial.

Del olvido a la época dorada

La globalización y el ritmo frenético de la vida moderna tanto en Oriente como en Occidente ha hecho revivir la filosofía de kalichutrip en la última década. Cada vez más personas lo consideran como una vía de escape a una sociedad excesivamente materialista, que ha olvidado la importancia del equilibrio entre la espiritualidad y el bienestar físico: la unión del cuerpo y la mente como un todo.